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Historia personal: Susan MullenEn los últimos diez o quince años, ha aumentado el número de hombres que reclaman un prepucio, y alertan que la circuncisión no es un procedimiento que deba ser practicado habitualmente. La circuncisión femenina, llamada con más propiedad mutilación genital femenina (MGF), no es una práctica habitual en el mundo occidental, sino que se lleva a cabo en países islámicos y en algunas culturas tribales no islámicas. El propósito de la MGF como práctica cultural no es otro que el de limitar el placer sexual en la mujer; ni siquiera existen razones de salud que la justifiquen. Una referencia muy recomendable en el tema de la cultura de la MGF es el libro Warrior Marks de Alice Walker y Pratibha Parmar. Otro grupo social que sufre mutilaciones genitales de manera habitual, desde su nacimiento, es el de los intersexuales. Y aquí mis palabras se hacen más serias, aunque sólo esté citando algunos artículos recopilados por la comunidad intersexual. Cuando un recién nacido muestra ambos caracteres genitales, masculinos y femeninos, la filosofía habitual es: "Es más fácil quitar que poner"; y así, a la mayoría de los niños intersexuales se les transforma quirúrgicamente para que posean características femeninas, a lo que se añade después el tratamiento con hormonas y algunas operaciones adicionales. Lo más preocupante es que estos tratamientos hormonales también se realizan en bebés sanos y en niños pequeños que han sido mutilados. Un trágico ejemplo es el de David Reimer, cuya circuncisión resultó fallida. Reimer es el protagonista del libro As Nature Made Him, de John Colapinto. Es la historia de los fallidos intentos por parte de los médicos y los padres de hacer de su hijo una chica, así como de los intentos de Reimer de reclamar su identidad masculina. La creciente comunidad intersexual se propone convencer a los médicos y a otros profesionales de la salud de que no deben recurrir a la mutilación en niños intersexuales como práctica habitual, y que deben intervenir solamente en caso de necesidad, por razones de salud. Otro posible grupo, víctima de algún tipo de MGF al nacer, es el de las niñas normales nacidas con parte de sus genitales adheridos. En estos casos, quizás se les haga más de una operación para restaurar los genitales, que pese a estar adheridos, son perfectamente normales. Las MGF puede abarcar desde procedimientos de "corrección", tales como eliminar dicha adherencia de los labios mayores y menores, hasta la infibulación, que es el proceso de eliminar los labios y el clítoris y coser la vagina de modo que solo queden unas pequeñas aberturas para la orina y el flujo menstrual; incluso abarca la tan conocida cirugía reconstructiva en niños intersexuales y accidentalmente mutilados. Si hubiese alguien leyendo esto, que piense que la MGF es necesaria, yo estoy aquí para decirle que no lo es. Incluso pensaría de igual manera si sólo se tratara de un asunto académico o político, pero para mí es algo personal. Yo fui sometida a la MGF cuando solo era una recién nacida. Los labios quedaron intactos pero me quitaron el clítoris. Las feministas dicen con orgullo que el clítoris es la única parte del cuerpo humano que simplemente existe para generar placer. Para mí, sin lugar a dudas, es criminal extirpar un clítoris sano simplemente por razones estéticas, que es lo que se hizo en mi caso. A ese crimen se añadió el del silencio: en ningún momento me contaron lo que me habían hecho. Estoy convencida de que me hicieron la MGF justo al nacer. Lo más que he logrado saber, ya que destruyeron mis primeros informes médicos (algo que suele pasar en el caso de pacientes intersexuales), es que fui apartada de mi madre los primeros once días. Ninguna explicación. Mi inoportuno nacimiento causó que mis padres se casaran de manera precipitada, y nadie se preocupó de mi llegada, ni se dio cuenta de que me mantuvieron aislada. Cuando entré en la pubertad, fui víctima de un caso relativamente grave de disforia de género. Este caso se da con frecuencia en los transexuales: gente que ha nacido siendo de un sexo determinado pero que se siente del sexo opuesto (algunos consideran que hay más de dos sexos; yo diría que concretamente hay tres: masculino, femenino e intersexual). Pero yo no encajaba en ese patrón; nunca me he sentido como un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer; más bien como un monstruo atrapado en un cuerpo de mujer. No había nadie con quien pudiese hablar del tema. Desde niña, siempre me he encontrado más a gusto rodeada de grupos sexuales minoritarios. A pesar de que el pueblo en donde crecí era muy pequeño, allí existían esos grupos. Algunas de estas personas llegaron a "salir del armario". Siempre nos hemos reconocido los unos a los otros. La gente dice que es como una especie de radar que tienen los homosexuales; no sé cómo se referirían a esto en los años cincuenta, pero seguramente siempre ha existido de alguna forma u otra. El mío funciona con precisión en el 98% de los casos, me pregunto que será del 2% restante. La primera persona salida del armario y perteneciente a estos grupos minoritarios que conocí, fue una mujer que vivía siendo hombre. Tendría la edad de mi madre y se había criado en el mismo pueblecito, aunque ella vivía en una isla privada de Hawai cuando la conocí. Ella había vuelto al pueblo de visita, y recuerdo haber sentido una extraña conexión con esta mujer. Había algo en sus ojos. Era como si me mirase y me reconociera, como si yo fuera pequeña y ella una adulta; había algo en común que trascendía la edad y cualquier otra categoría usada por la gente como etiqueta. Yo ni siquiera había oído la palabra "clítoris" hasta bien pasada la adolescencia. La educación sexual para mí era sólo un libro con dibujos de los principales órganos sexuales del hombre y de la mujer, junto a una explicación de cómo vienen los bebés al mundo y cómo crecen, y la típica reprimenda a las niñas para que sepan comportarse durante la edad de la menstruación: nada de placer sexual, ya sea individualmente o con pareja, y las típicas bromas pesadas del colegio sobre chicas decentes y no tan decentes, además de falsos chismorreos sobre qué chicas son más "fáciles". Comencé a tener mis primeras relaciones sexuales en los años sesenta. Vivía en las típicas instalaciones para estudiantes, con paredes muy finas, casi inexistentes; y escuchaba a las demás mujeres hacer todo tipo de ruidos durante el acto sexual. También, a veces, éstas comentaban acerca de los orgasmos que habían tenido. Todo esto me dejaba, ejem, fría, Y una vez que escuché la palabra "frígida", decidí que yo debía de ser eso, aunque afectivamente nunca me había sentido frígida. Mis parejas masculinas no me fueron de mucha ayuda en este tema, y desde aquel entonces no he tenido una pareja que se preocupe lo más mínimo por algo que no sea reprocharme mi falta de respuesta al estímulo. Todo este tiempo, he sabido que soy diferente. Ni siquiera intenté buscar la causa hasta bien entrados los 40. Tuve a mi hija a los 22, y durante los siguientes dieciocho años, ella fue lo primero, seguido de mi trabajo. Todo lo demás no tenía importancia. Luego hubo un par de años en los que intenté acostumbrarme a estar sola de nuevo. Y finalmente, vino una época en la que fui capaz de empezar a atar algunos cabos sueltos. Quise empezar con una visita a mi asesora, la cual me ayudó a sentirme motivada. Visité a mi médico de familia y su actitud fue de "¡eh! ¿y usted qué sabe?". Me dio una cita para una clínica endocrinológica, y allí me vieron dos médicos cuya especialidad era la endocrinología ginecológica (intenten decirlo rápido). Me hicieron un examen físico y una prueba de tolerancia a la testosterona. En esa prueba, me inyectaron testosterona y me tuvieron allí una hora sentada para ver si me convertía en Mike Tyson. No sucedió así, pero me diagnosticaron clitoromegalia idiopática. Hablando claro, eso significa que era una mujer normal pero que, al parecer, había nacido con un clítoris grande, pero de igual manera, perfectamente normal. Ya que no tenían a la mano mis primeros informes médicos, eso fue todo lo que me pudieron decir. Los médicos no pensaban que fuese necesario hacerme una prueba cromosómica completa, así que no me dieron cita, con lo cual hubiese tenido que pagar unos $1000 de mi bolsillo. Desde luego, hay algo en todo esto que no me acaba de encajar. Y ésta ha sido la versión médica de los hechos. Un inciso: no tengo la intención de denunciar a nadie. La mayoría de los responsables están ya muertos. No quiero hacer que el hospital se arruine por algo que sucedió allí hace mucho tiempo. Y no estoy enfadada. Quizás debería estarlo, pero no lo estoy. Solo quiero que se respeten mis circunstancias, se dé más información sobre mi situación y que se sepa de todas esas mujeres que fueron o están a punto de ser genitalmente mutiladas. Creo que es normal que alguien intente averiguar el porqué cuando sucede algo de estas características. Es humano el querer explicaciones, y yo no soy una excepción. Por una parte, no me cuesta verme a mí misma como intersexual. No todos los intersexuales son estériles. Remontándonos a la biología del instituto, todos recordamos que una mujer normal se identifica por poseer cromosomas XX, mientras que un hombre normal tiene XY. Algunos hombres pueden tener XYY. Pero hay algo anómalo con los individuos XXY. Algunos parecen masculinos, y otros femeninos. Por regla general, los varones XXY son estériles y las mujeres pueden o no ser estériles. Las consecuencias de ser XXY se reflejan en dos síndromes o categorías: el síndrome de Turner, si se es mujer, y el síndrome de Kleinfelter, si se es hombre. Yo no cumplo con las características del síndrome de Turner, pero al mismo tiempo, tengo demasiadas características femeninas como para tener el de Kleinfelter. ¿Podría ser el caso de que fuera un hermafrodita verdadero, nacido con órganos sexuales masculinos y femeninos normales, funcionalmente perfectos? Uno de los médicos que me examinaron me dijo que no lo creía, ya que la MGF que me hicieron sucedió en un pequeño hospital del condado, y ese hospital no habría tenido las facilidades para proceder como debieran ante un caso de hermafroditismo verdadero. En cierta medida las posibilidades de serlo están fundadas y son fácilmente demostrables mediante ese examen cromosómico de $1000. ¿Qué pasa si resulto ser una mujer XX normal? Después de todo, no soy estéril. Los resultados fueron los normales para una mujer en el test de Mike Tyson. Mi cuerpo funciona tal como el de una mujer, sin importar el ser alta y tener la voz grave. Las principales razones que me llevaban a pensar que podría ser intersexual provenían de mi interior: esa disforia de género que tenía cuando era pequeña, la empatía que siento hacia otras personas que pertenecen a grupos sexuales minoritarios y el hecho de que nunca me he sentido cómoda viéndome obligada a elegir entre el rosa y el azul; y esto no es más que una forma de definir la manera en la que la sociedad occidental insiste en forzar a la gente a elegir uno de los dos sexos. Yo ya sabía que no era un hombre, pero el rosa tampoco iba conmigo. Si resulta que al final soy un XX normal, toda explicación posible resultaría muy extraña, incluso desconcertante. ¿Podría ser que el tocólogo que me trajo al mundo fuera un sádico que odiara a las mujeres? ¿O es que el tocólogo decidió que si me dejaba intacta, yo sería culpable de obtener demasiado placer gracias a mi clítoris grande y normal, con el que incluso habría estado jugando todo el día en lugar de estar sentada en silencio y aprender a ser una buena chica? La gente perteneciente a grupos sexuales minoritarios está en ese grupo de personas que más usa internet, lugar en el que se pueden encontrar muchos artículos. Hice algunos contactos y elaboré mi propia página web. La colgué en la "vieja" geocities, y aunque ya no está disponible, cuando sí lo estaba se ponían en contacto conmigo cada mes unas dos o tres personas interesadas en aprender más sobre el tema o en entender mejor la situación de alguna amiga a la que le habían practicado la MGF. Otro contacto que hice cuando mi página web aún funcionaba, fue un hombre que me preguntó si estaba interesada en unirme a una lista de correo en la que él estaba, la "Restoration List", para hombres circuncidados que intentan restaurar su prepucio. Pregunté al moderador de la lista y me dijo que era bienvenida, que había unas pocas mujeres más entre las que se encontraba alguien que también había sufrido la MGF. Encontré en esta lista a gente que me recibió con los brazos abiertos. También estuve en una reunión de "restauradores", y allí también me dieron la bienvenida. Descubrí que todos los que hacen un esfuerzo por superar la mutilación genital mantienen entre ellos una relación especial. No puedo evitar acudir. Todas esas historias de mutilación genital necesitan contarse. La mutilación genital está mal. Deseo de igual manera que después de escribir esto, pueda empezar a olvidar todo lo malo del pasado. La "familia" en la que me crié era una familia bastante malsana. El hecho de que nunca un miembro de mi familia me contara que fui sometida a la MGF es sólo una de las muchas cosas que deseo olvidar. Fui una niña muy infeliz y deprimida, y toda mi vida he sido muy sensible y nerviosa, pero durante la infancia, lo único que hacían, cuando me enfadaba, era ridiculizarme o recurrir al castigo físico. A medida que fui creciendo y cuando fui capaz de dejar el "hogar", tuve muchas dificultades para encontrar y mantener amistad con los demás. ¡Vaya sorpresa! Resulta que tenía problemas para confiar en la gente. Y aún los tengo. Me cuesta mucho establecer contacto físico con los demás. Sé que mis problemas afectivos han causado daño a la gente a la que realmente le importaba. Todos se han hartado de intentar ser mis amigos o mis amantes, debido a mi incapacidad para confiar y mi gelidez al menor contacto físico. Estoy cansada de herir a la gente y de sentir este dolor constantemente. El suicidio siempre ha estado a la vuelta de la esquina y ha sido una tentación la mayor parte de mi vida. Mi primer intento fue a los cuatro años de edad. Yo ya era bulímica al cumplir los cinco y actualmente soy alcohólica. Mi vida personal es una mala broma. Pero hay algo que me hace seguir adelante: quiero ir más allá de todo ese silencio y secretismo, hacia la luz. NotJustSkin is an educational charity that is not associated with the government or any private corporation. Our mission is to supports the physical health, emotional wellness, and quality of relationships of children, parents, and others. La gente no es sólo piel. La última modificación de esta página fue el 1/12/2008. |